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domingo, 31 de mayo de 2009

Viaje por los Balcanes VIII, 10-10-2008 [Split - Brela - Makarska - Dubrovnik]

10-10-2008 , DE SPLIT A DUBROVNIK.

Este es el penúltimo día del recorrido por los Balcanes occidentales. Mañana pasaremos el día entero en Dubrovnik, y el día siguiente nos dará, tan sólo, para llegar al aeropuerto y volar.

Comienza el dia en Kastela, donde nos acercamos al mar. Volvemos por vez tercera a Split, pero será la primera vez que entremos de día en Spalatto. El día es caluroso, aparcamos cerca del Palacio de Diocleciano y entramos por la puerta del bazar. Hay un animado mercado. Desayunamos en la plaza. Como desde ayer conocemos aproximadamente las callejas, llegamos al peristilo, con la intención de subir a la torre de la catedral. Desde arriba, las vistas son impresionantes en un día claro. Los restos de piedra romana, el puerto, los transbordadores. Es inevitable llegar a un lugar y querer verlo desde lo alto.

Tras descender de la torre Anja entra a ver el tesoro de la catedral. Yo me abstengo, aunque creo que quizá hice mal, ya que después vi el interior en un documental y parecía muy bonito. Entretanto, me dedico a conjeturar con la esfinge del peristilo, y recorro los callejones para ver cómo vive la gente en un monumento histórico. Me encuentro con un grupo de croatas marineros que cantan a coro algo parecido a las habaneras y cuando me reencuentro con Anja visitamos juntos la cripta, donde al menos se está fresquito. Luego callejeamos en busca del vergel que no logramos encontrar y acabamos en el paseo marítimo.

Tras salir de la difícil Split seguimos hacia el sur, en busca de alguna playa. El primer lugar donde pruebo las claras aguas del Adriático es una playa junto a un hotel, en un lugar que no recuerdo. El agua está limpísima aunque fría y es una lástima que el fondo sea de piedras. Entrar y salir es un sufrimiento, pero uno que vale la pena. Después continuamos buscando la famosa playa de Brela. Nos costó un rato encontrar la famosa franja de arena que aparece en casi cualquier folleto turístico pero al final lo conseguimos. Una playa bellísima junto a un pinar. No hay mucha gente. Nos damos un paseo, pero no nos bañamos.

Seguimos hacia el sur y a horas tardías llegamos a Makarska, donde aún tenemos tiempo de caminar por el paseo marítimo y comer algo de marisco. Me gusta mucho ver la ciudad, entre el mar y una montaña robusta, enorme. En el momento en el que el sol comienza a caer la temperatura, junto con la brisa, hacen el día de lo más agradable.

Más hacia el sur, llegamos - de nuevo - a la región del Neretva. Aproximadamente a la hora de la puesta del sol. En algunos tramos de carretera hay una infinidad de vendedores de fruta. Venden sobre todo mandarinas, que están deliciosas y son el alimento perfecto para un día de calor en el que nos hemos deshidratado bastante.

La noche nos alcanza en la frontera con Bosnia. Debemos atravesar la franja de Neum. Salida al mar de Bosnia-Herzegóvina. Nos piden el pasaporte tanto a la entrada como a la salida. Es una de esas circunstancias curiosas que ocurren en los viajes. Atravesar cuatro kilómetros de carretera en otro país.

Después, ya de noche, tenemos la primera vista de Dubrovnik desde un alto. Nuestra soba está en Lapad, así que posponemos ver la ciudad amurallada y antes de ir a dormir caminamos por el paseo marítimo cercano.

sábado, 30 de mayo de 2009

Viaje por los Balcanes VII, 09-10-2008 [Plitivce-Zadar-Šibenik-Split]

Amanece en la calma de Poljanak. Un día frío pero soleado. Tomamos una foto desde la ventana de la habitación y salimos hacia la costa, de nuevo. Probablemente no vale la pena pasar dos días aquí, tan lejos. O quizá sí, por el silencio y la calma. La carretera es muy buena en su mayor parte. Tomamos un café junto a la entrada del parque y volvemos a Dalmacia.

Nuestra primera parada será, de nuevo, Zadar, la antigua Zara. Aparcamos en el puerto junto a los transbordadores de Jadrolinja. Y nos volvemos a meter por las callejas de la ciudad. La plaza donde hace dos días tomábamos una cocacola. Buscamos un locutorio y hago un par de fotos de la torre principal y las ruinas romanas. Es una ciudad a considerar, para pasar unos días de descanso, con un aeropuerto internacional y un poco de todo, sin llegar a ser tan grande como Split o tan hermosa como veremos que es Dubrovnik.

Tras dejar Zadar nos detenemos en otra ciudad hermosa: Šibenik. El puerto está muy tranquilo y podemos caminar, el sol no nos abandona. La catedral de Santiago, patrimonio de la Humanidad es ciertamente notable, con esos leones venecianos y todas sus referencias a aquel pescador de hombres. La plaza que se encuentra tras la catedral es un escenario teatral privilegiado y lamento haberla tenido que ver en la hora de la sombra, ya que es probable que el esplendor de la piedra noble se realce con los rayos solares.

Seguimos en dirección sur y pararemos, de nuevo, junto al mirador desde el que se observa la belleza de Primošten. Y seguiremos recorriendo hacia el sur la costa dálmata. Encontramos alojamiento poco antes de llegar a Split, en un lugar llamado Kaštela . Nunca he visto unos apartamentos así. En una sóla pieza se contiene dormitorio, sala y cocina. El mar está a pocos metros. Tiene pinta de ser muy concurrido en verano, pero ahora estamos prácticamente solos.

Nos acercamos a Split. Ciudad de tráfico complicado, una especie de embudo que empuja la circulación hacia el mar. Notables cuestas. El otro día, buscando un cajero automático hemos llegado hasta la muralla. Ahora nos lo proponemos y parece más complicado. La temperatura es espléndida. Preguntamos cómo llegar hasta el Palacio de Diocleciano y la gente parece bastante competente en lengua inglesa. Aquí me nació la idea de que el inglés "ha avanzado más en Europa oriental en quince años que en Europa occidental en cincuenta". El Palacio de Diocleciano no es un Palacio sino una ciudad, cosa que recuerdo haber descubierto meses antes en el episodio de Michael Palin's New Europe en el que se pasea por sus calles. Pienso en el marco legal y en los derechos de propiedad sobre semejante laberinto. Encontramos una puerta de la ciudad, junto al bazar. La plaza del peristilo, la torre, las callejas. Esa noche encontramos un patio con un vergel que quise fotografiar y que no seremos capaces de encontrar al día siguiente. Luego caminamos por el paseo marítimo, iluminado por las luces de los barcos, adornado con paseantes y puestos de helados.

Poco antes de volver, nos deleitamos con un concierto de jazz en la plaza del peristilo. El guitarrista es bueno, pero la chica tiene una voz impresionante.

Viaje por los Balcanes VI: Plitvice, 08-10-2008

Quedamos un 7 de octubre en el lugar de Poljanak, junto al Parque Nacional de los Lagos de Plitvice.


El siguiente día era 8 de octubre y el único plan que teníamos era recorrer los lagos. No hubo grandes sorpresas y caminar ocho o nueve horas fue todo lo que hicimos. Al llegar no sabíamos siquiera cómo de grande era el parque, compramos las entradas y nos pusimos a hacer trecho. Pronto nos encontramos con la catarata grande y un rato después con el bote que conduce al otro lado del parque. No sabíamos dónde se tomaba el autobús, y básicamente hicimos el recorrido de ida y vuelta a pie, exceptuando los tramos del barco. La mayor parte de los visitantes sube en autobús y hace sólo el descenso.

Incluso al llegar al merendero, nos dió por seguir adelante, buscando una ruta más complicada. Hubo un momento en que creímos que nos habíamos perdido. Más allá del lago superior no hay apenas visitantes, lo cual no es tan preocupante como la posibilidad remota de encontrar una mina. La guerra siempre presente.

No escribiré sobre la naturaleza kárstica de esta maravilla. Las fotos que tomamos hablan por sí mismas. Siempre me impresionaron los colores otoñales, como los que he visto en algunas fotos de los bosques caducifolios del Quebec. Aquel día estos colores de otoño fueron la belleza de la que pudimos disfrutar. El agua clara, los peces juguetones, las hojas que caen, alguna seta, una serpiente que saltó al camino y ningún oso. Un día de naturaleza en el corazón de los Balcanes. Espero volver aquí en otra estación, para disfrutar de otra belleza distinta.

Viaje por los Balcanes V: Trogir - Plitvice, 07-10-2008

El 8 de octubre despertamos cerca de Trogir, era un día soleado, de esos en los que toca recorrer, porque tenemos previsto llegar al lugar más septentrional en en nuestro periplo balcánico: el Parque Nacional de los Lagos de Plitvice. Mi hermana estuvo allí, años atrás y me maravillaron las fotos, aunque el lugar queda a desmano, apartado de la costa de Dalmacia, a mitad de camino entre Zadar y Zagreb.

Lo primero que hacemos tras el desayuno es parar para visitar el pueblo amurallado de Trogir, hermoso de callejuelas, con una notable plaza de piedra y un reloj muy principal. Trogir es una pequeña ínsula, pegada a otra mucho mayor que no tenemos tiempo de visitar. El pueblo no es muy grande y en cuanto uno da unos pasos de más, se encuentra con el mar. Hay un paseo marítimo amplio y limpio, a lo largo del cual amarran barcos y desde el que se ve clara y limpia, como siempre, el agua del Adriático. Me sorprendió en una de las puertas de la muralla, una estatua sobre un pedestal invertido y nos entretuvimos tratando de descifrar, cabeza abajo la leyenda.

Después salimos a recorrer la costa adriática hacia el norte. Debemos hacer alguna parada, pero tenemos que seleccionarla bien, porque haremos el mismo camino, en dirección sur dentro de dos días. No entramos en Primošten, aunque hacemos una bonita foto de la localidad desde un mirador junto a la carretera. Dejamos Šibenik para la vuelta y entramos, brevemente en Zadar, la antigua Zara, donde nos da tiempo a ver el puerto, mucho mayor que el de Trogir, callejear un poco, y tomar un refresco en la Plaza Mayor, antes de seguir hacia el norte otras tres horas, por una muy buena autopista.

Pasamos de la Croacia litoral a la montañosa, de Dalmacia a Lika. A lo largo de la autopista volvemos a ver los colores del otoño, como el día aquel montenegrino y tras alcanzar la salida y unos cuantos kilómetros de carretera algo peor, nos pasamos de los lagos que veremos al día siguiente y llegamos a Poljanak a la casita donde pasaremos dos noches.

Después he leído de la importancia de la zona durante la guerra de 1991 y la lucha entre separatistas croatas y separatistas serbios de Croacia, cuando el territorio cayó dentro de la fugaz República de la Krajina Serbia. Se produjeron importantes operaciones militares y masacres, muy cerca de los lagos. En territorio balcánico, la belleza de lo natural nunca está demasiado lejos de la sangre.

Viaje por los Balcanes IV: Sarajevo - Trogir, 06-10-2008

Hemos vuelto a despertar en el ático de la calle Dizdarevic. Comienza este día de carretera. Hay algo de tiempo para avituallarse, para echar un último vistazo a Baščaršija y para comprar algunas postales, que lanzamos al correo en la oficina más próxima.

Atravesamos el enorme pasillo que es esta ciudad, y empezamos a entender dónde caben sus seiscientos mil habitantes. Tras los edificios otomanos y austrohúngaros del centro ayer, hoy la periferia nos brinda bloques de socialismo real mellados por impactos de obús. Pasamos junto al Holiday Inn que albergaba a los periodistas durante la guerra y alcanzamos una vista de las montañas nevadas que acogieron los Juegos Olímpicos. Hay desvíos a Ilidža, donde los saralijas pasan el fin de semana.. Nosotros seguimos al sur. Aparte de las cumbres de nieve, la mayor parte del paisaje son colinas de caducifolios y colores de otoño.

El plan del día es llegar a Zadar, aunque no tenemos ni idea de si llegaremos a hacerlo. Primero tenemos que entrar en Herzegovina, la hermana olvidada de Bosnia, y luego, recorrer el curso del Neretva, hasta la frontera de Bosnia-Herzegovina con Croacia. Móstar será parada obligada, pero antes hacemos una parada en Jablanica, otro topónimo bélico, legado a mi mente por aquellos telediarios.

Móstar es una ciudad con un puente. Fue una ciudad sin un puente durante un tiempo. El puente de Móstar, como la Biblioteca Nacional de Sarajevo, es un símbolo poderoso de la barbarie nacionalista y de las intenciones de sus creyentes.

En Móstar la guerra es mucho más visible que en Sarajevo. Una calle paralela al río fue el frente de la guerra dentro de la guerra que enfrentó a los musulmanes contra sus aliados croatas. En esa calle se encuentra España Trg, la plaza de España. Desde 1992 España tiene acantonados 900 soldados en Móstar, antes también en Međugorje y aunque parece que se retirarán pronto, la plaza es testimonio de su presencia en la ciudad.

A lo largo de esa calle de casas incendiadas y en estado de ruina, pero también de otras reconstruidas por la cooperación internacional, se desciende hacia otra que conduce al puente viejo. “Stari Most”. El nuevo puente viejo, terminado en 2004 e idéntico al original. Sobre la construcción del primero en el siglo XVI he leído varias historias y leyendas incompatibles. Alrededor del río, hay varias calles de restaurantes y puestos de souvenirs. La vista desde el puente es impresionante, mezquita en el lago musulmán, el campanario de la iglesia de San Francisco en el croata (la ciudad no está exactamente dividida por el río, hay un enclave musulmán en el sector occidental).

Tras la parada en la ciudad del puente hemos seguido hacia el sur, siguiendo el curso hermoso del Neretva. Voy pensando en guerras, en películas antiguas y en la historia de esta región de Hercegóvina, hermana menor de Bosnia. De pronto nos sorprende Počitelj, un pueblo que es una joya, y en el que lamentablemente no podemos detenernos tanto como habríamos querido, y seguimos hacia el mar. Poco después volvemos a entrar en Croacia en una frontera sin trámite.

Va atardeciendo y el crepúsculo nos alcanza en la desembocadura de este río esencial. El sol en el Adriático, las islas frente a la costa y el color rosado en el estero fértil donde el Neretva va a dar en la mar. Se produce el ocaso y seguimos hacia el noroeste, sin saber donde haremos fonda. Queremos dormir en el lugar más septentrional que sea posible, pero el cansancio va haciendo mella. Llegamos a Split, ciudad que para el tráfico es una especie de embudo y llegamos a entrar al casco histórico, pero al final decidimos seguir hasta Trogir. Definitivamente Zadar está muy lejos. Tenemos la opción de dormir en un molino antiguo, pero finalmente un hotel acoge nuestros molidos huesos.

martes, 26 de mayo de 2009

Viaje por los Balcanes III: Sarajevo, 05-10-2008

Ha amanecido en la ciudad martir, pero no he oído a los almuédanos. La luz me despierta y me apresuro a la ventana para observar la misma escena de anoche. Aunque añore la belleza de los puntos verdes sobre fondo negro, veo esta vez más cosas, casitas en las montañas y alminares y el día que va comenzando. Cegado de Wanderlust acuerdo con Anja reencontrarnos en un par de horas, para desayunar juntos y me lanzo a la calle armado con la cámara de fotos, aunque aquí la metáfora sea casi intolerable.

Admiro el Sebilj, y lo rodea menos suelo que palomas. La mayor parte de los puestos de Baščaršija están aún cerrados. Es domingo y todavía no son las ocho. Planeo seguir el curso del Miljacka, desde la Biblioteca Nacional hasta donde llegue, así que camino junto a este río, que es una tubería encajonada y poco profunda de aguas turbias.

Paso junto al Puente Latino, pero aún no sé que ese es el puente que quiero ver. Observo los carteles electorales, algún edificio herido por la guerra, una pintada implorando a no olvidar Srebrenica. Las calles están vacías, es domingo, circulan pocos vehículos y algún que otro tranvía, así que voy cambiando de acera para observar lo que mejor me place: un edificio verde curiosísimo, las aguas oscuras del río, un centro comercial horroroso. Ayer vimos carteles electorales en los que se utlilizaba el alfabeto cirílico. Aquí, en Sarajevo, no se ve ninguno.

Atrás queda el Hotel Saray. Pienso en Sarajevo, Sarayevo debería llamarse en español, pero la dictadura de la letra escrita ha condenado al sonido gutural el topónimo hispano: Kilimanjaro, Sarajevo, Rajastán. Recuerdo la primera vez que vi el nombre de esta ciudad en un bote de Cola Cao, - el alimento de la Juventud, el alimento olímpico - a propósito de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1984. Y recuerdo el logotipo con precisión, pero había olvidado a Vučko, si es que alguna vez supe de él. He leído que Saray es lugar de descanso en turco y árabe, y relaciono la palabra, no sé aún si acertadamente, con caravanserai. Anja se ríe siempre de mis etimologías.

A lo largo del río, confirmo que la ciudad es un corredor, y no puedo evitar imaginar las montañas tomadas por la artillería serbobosnia, y cómo sería la vida por aquel entonces dramático y cercano. Llego hasta la mezquita de Ali-Pashá, blanco entonces de los francotiradores y vuelvo por la avenida del Mariscal Tito, también vacía, algún tranvía, la llama eterna, la Plaza de la Liberación, hacia Baščaršija.

El desayuno de la casa de huéspedes es espectacular y, siendo dos, volvemos a salir a las calles. Ya son más de las nueve, y los turistas disputan el Sebilj a las palomas. Algunos hojalateros han abierto sus puestos y en este momento Sarajevo se parece a Estambul y Baščaršija es el Gran Bazar. No habrá dos ciudades donde se fundan mejor oriente y occidente. Antes de recorrer de nuevo el curso del río, subimos por una cuesta hasta un cementerio, desde el que se contempla la ciudad: en primer plano la Biblioteca Nacional, a lo lejos la antena de televisión que vi en tantos telediarios.

Descendemos y seguimos caminando. La mañana es más bien fría y comenzamos a sentir un olor a leña. Volvemos por las mismas calles, algo más pobladas y vemos otras cosas. La Plaza de la Liberación con más detalle, el mercado de la infame masacre, y al otro lado del río el Parlamento y la sinagoga sefardí (un cartel indica "La Benevolencia 1892"), hasta llegar al auténtico Puente Latino donde empezó todo.

Nos hacemos unas fotos en el puente, y un poco después descubrimos que no es el puente sino a diez metros, desde la esquina del hoy museo, desde donde Gavrilo Princip dispara a Francisco Fernando y Sofía, con tremendas consecuencias. He releído el episodio en "The Impossible Country" de Brian Hall y todavía me impresiona la secuencia de los hechos y el cúmulo de los azares.

Paramos a comer ćevapčići en Zejlko, donde -craso error- pido una cerveza y la camarera sonríe. Cambio la elección por algo más respetuoso con los preceptos y la tradición islámica y me quedo con las ganas de catar la Sarajevsko pivo.

Damos vueltas y más vueltas, Morića Han, intentamos ver la sinagoga vieja, también cerrada.Vemos adolescentes agruparse alrededor de la mezquita del bey Gazi Husrev y se cumple el contratópico del musulman blanco, rubio y de ojos azules. Por lo menos he visto un chaval asi, con un chándal y zapatillas deportivas. Luego vemos a los viejos jugando con un ajedrez gigante junto a la Catedral Ortodoxa, cuyo interior está en obras.

Después de pasar el día en esta ciudad de las tres y tantas naciones, es inevitable una reflexión sobre los procesos de guerra, de invasión, de migración, de conversión, de cisma o de división que hicieron a estos eslavos del sur ser lo que son. Nos separamos del río En cuanto uno se aleja del río, comienza una cuesta.

Pronto se hace de noche y hacemos unas fotos del Sebilj y Anja compra una zeljanica. La media luna del islam reina el cielo sobre las montañas y nos vamos a dormir sabiendo que hemos empezado y acabado el día en la ciudad en la que empezó y acabó un siglo.

sábado, 23 de mayo de 2009

Viaje por los Balcanes II: Kotor - Sarajevo, 04-10-2008

Amanece en el fiordo y sin demasiadas concesiones partimos. Va a ser un día largo. El plan es atravesar este antiguo y nuevo país de Montenegro y llegar a Sarajevo anochecida. Hay un par de planes por el medio. Descartamos la carretera que serpentea desde Kotor hacia Cetinje (Цетиње, pronunciése "Chetiñe") y seguimos la de la costa, por Tivat y Budva, para hacer parada en un lugar por el que tengo un interés especial.

Viene un viento fuerte, el cielo está encapotado y rizada la mar en este mar interior que recorremos. A veces una ola salpica o llega hasta la carretera y nos empapa el parabrisas, pero aún así y a pesar de lo angosto de ésta disfrutamos el recorrido viendo desde el otro lado los lugares por donde ayer pasamos. Poco después de Budva, donde no hacemos parada, llegamos a la península-balneario de Sveti Stefan (Свети Стефан, San Esteban), y la lluvia nos da una tregua. La primera mitad del segundo encuentro entre Fischer y Spassky se disputó aquí en 1992, veinte años después de su duelo por el trono mundial del ajedrez en Reykjavik. El balneario está cerrado, pero se puede recorrer la franja de playa y disfrutar de las vistas de la cuasi-isla.

Volvemos al coche y según nos vamos acercando al país montañoso, que lleva la montaña y el color de este día en el nombre, el cielo más se carga de nubes y caen rayos y oimos truenos. En eso llegamos a Cetinje y paramos cerca de un edificio notable, que es el Museo Nacional. Con sus veinte mil habitantes, Cetinje no es enorme, pero fue capital de Montenegro y se ven edificios nobles, antiguas embajadas, un monasterio destacable. El tiempo está muy desapacible, así que nos refugiamos en una especie de bar, donde podemos tomar una cerveza (la palabra es "pivo" y vale para todo el mundo eslavo, es una buena inversión en conocimiento). El local está casi vacío y en las paredes cuelga una bandera montenegrina y fotos de patriarcas ortodoxos. Parece antiguo y me alegro de haber aprendido los números en la lengua local, para pagar a la camarera. Cerca hay otro bar, que se llama Bar Celona. ¿Qué tipo de nombre tendrán los bares en Bar?

Deja de llover y salimos a la calle, y ya vemos más cosas. Anja compra un burek, y nos acercamos al monasterio, que no se puede visitar, pero entramos en una misa ortodoxa, que tiene un aspecto más esotérico que la católica, lo cual incrementa ligeramente las posibilidades de que esta sea la religión verdadera. Una clientela de viejas es consustancial a todo aquelarre, pero aquí me fascinan los iconos, es condición sine qua non para aspirar a iconoclasta.

El plan original era subir a la montaña que dicen da nombre al país, en cuya cima se encuentra el mausoleo del poeta Petar Petrović Njegoš, pero la niebla nos difumina la idea y decidimos seguir camino por la carretera que llega a Podgorica, que antes se llamaba Titogrado en honor saben ustedes a quién. La ruta no llega a entrar en Podgorica, pero se avista en lontananza. Antes de llegar al desvío de Podgorica, tenemos vistas del lago Skadar/Shkodër y las montañas de Albania, no muy buenas a causa de la lluvia. Tras un cruce por el que todos los montenegrinos pasan tarde o temprano dejamos la capital a la derecha y seguimos hacia el norte. El siguiente punto en el recorrido, donde pensabamos merendar, es el monasterio de Ostrog, bello como esculpido en la roca. Pero al empezar a subir hacia Nikšić nos rodea una niebla terrible y no se ve a diez metros. Apenas pudimos avistar el cartel del desvío, pero decidimos no subir y nos queda algo interesante que visitar en nuestra siguiente visita montenegrina.

En Nikšić nos dio tiempo a perdernos por un leve periodo de tiempo. Al final, preguntando con pronunciación foránea y con manos, conseguimos averiguar el camino hacia Šćepan Polje, por donde tenemos que entrar en Bosnia-Herzegovina. Después de Nikšić vamos solos por estas carreteras desiertas. Solos bajo la lluvia.

Antes de llegar a la frontera encontramos con un paisaje formidable de árboles en tonos verdes, bermejos y ocres. Estamos en las estribaciones del Parque Nacional de Durmitor, siguiendo una carretera horadada de tuneles a lo largo del cañón del Tara con un agua de un verde azulado increible. Seguimos el cañón hasta llegar a una presa altísima y, poco después, al puesto fronterizo montenegrino donde ni nos paran. Unos kilómetros más abajo se encuentra el puesto bosnio.

Por este puesto de Hum se accede a la República Serbia de Bosnia-Herzegovina, la República Srpska. Me cuesta describir la escena con los dos tipos esperando a Godot en una caseta en medio de la nada, en la parte más baja de un desfiladero, en un lugar donde ni hay luz ni habita nadie, sino los fantasmas de cien guerras. Sigue lloviendo a raudales, y me hacen bajarme del coche para entrar en el puesto con los pasaportes, que me sellan diligentemente. Vuelven a mencionar al Real Madrid y nos indican con señas que sigamos camino. Salimos con el semáforo en rojo, pero no dicen nada.

Ya es de noche, seguimos sin demasiadas complicaciones hacia Foča y luego hay un desvío en el que hay que saber que Сарајево es Sarajevo. De pronto vemos las luces de la ciudad martir y hemos llegado a nuestro destino. Pasamos junto al aeropuerto y veo un letrero que indica la dirección del tunel de la vida. Sarajevo es una ciudad en la que es sencillo orientarse, de puro estrecha. Aún de noche y cansados, nos maravillamos con las luces verdes de los alminares de las mezquitas, la Biblioteca Nacional, los tranvías. Tenemos mucha suerte con el alojamiento. Un ático con vistas al Sebilj en Baščaršija. Como estamos cansados decidimos cenar en casa y no recorrer la ciudad de noche. Al fin y al cabo, mañana también haremos noche aquí.

Viaje por los Balcanes (I) : Čilipi - Kotor, 03-10-2008

Llegamos al aeropuerto de Dubrovnik, Čilipi, a unos 20 kilómetros de la perla del Adriático y salimos en dirección contraria, hacia la frontera con Montenegro,, a parecida distancia. Nuestro plan para el primer día de vacaciones era ir recorriendo la bahía de Kotor, y dormir en la ciudad que le da nombre. Kotorska Boka, la bahía de Kotor, es técnicamente un fiordo, y no hay muchos en el sur de Europa.En la frontera nos retienen aproximadamente una hora. Pero cuando llega nuestro turno de mostrar los pasaportes no nos preguntan apenas. Sólo algún comentario sobre el Real Madrid. Si uno es español y va al extranjero es conveniente saber de fútbol porque es de lo que le van a preguntar. Aquí lo más fácil es mencionar a Pedja Mijatovic, que es montenegrino. Se me ocurrió más tarde.

Una vez que entramos en Crna Gora, podemos utilizar el dinero que llevamos encima. En Montenegro, como en Kosovo utilizan el euro. Llevo un libro de viaje que se llama "Western Balkans", "los Balcanes Occidentales", que me parece una forma más elegante de referirse a estos territorios que "antigua Yugoslavia" y sobre todo "ex-Yugoslavia" (además, el libro incluye Albania, a la que Tito quiso incorporar a su proyecto de Segunda Yugoslavia). Entre los nombres oficiales de los países inscritos en la ONU, probablemente el más extraño sea el de la FYROM (Former Yugoslav Republic of Macedonia). El libro "Western Balkans" fue publicado en 2006 y en él Montenegro no aparece aún como país independiente, sino como parte de "Serbia y Montenegro".


Montenegro se Align Rightseparó de Serbia tras el referendum de 2006. El nacimiento del país más joven de Europa (sin contar aún Kosovo, al que España no reconoce), se decidió en referéndum por un estrecho margen. La identidad montenegrina y la serbia son prácticamente la misma, y son matices ideológicos y estratégicos los que hacen que los montenegrinos se decanten por una u otra y los que han supuesto que ambas naciones se separen. Curiosamente la Iglesia Ortodoxa montenegrina no se ha separado (¿aún?) de la Serbia, por lo que comparten el mismo Patriarca.

Hablando de estas cosas hemos llegado a Herceg Novi, ciudad con un notable castillo, cuyo nombre significa "castillo nuevo" y en la que en el siglo XVI lucharon turcos y españoles, Tras un plato de pasta y marisco, un paseo por la ciudad vieja "stari grad" y el mencionado castillo y una multa de aparcamiento de un euro, seguimos camino, adentrándonos en el fiordo.En Herceg Novi puede decirse que comienza la bahía.

Después de Bijela, se encuentra su punto más estrecho, donde paramos y vemos, a lo lejos, Perast. Una mirada al mapa, muestra la cantidad de kilómetros que uno puede ahorrar tomando el transbordador que conduce de un lado al otro. Observo que el alfabeto latino está más presente que el cirílico en letreros, anuncios, propaganda y me pregunto si esto será así en todo Montenegro o sólo aquí cerca del mar y la frontera.

Dejando Bijela nos acercamos al lugar más recóndito del recorrido de hoy, Risan. Antes de llegar a Risan, donde cultivan mejillones, vemos un topónimo que nos soprende por su ausencia de vocales: Strp. Tras girar en Risan seguimos en línea recta hacia Perast, donde pararemos un rato. Es impresionante la estrechez de la franja de costa donde se encuentran las poblaciones, y las enormes montañas detrás de estas. El agua del mar en Perast es cristalina, la tarde es soleada. Damos un paseo por la carretera estrecha. El pueblo está muy tranquilo. Hay barcos que se dirigen a dos islas cercanas, donde hay unas iglesias. Al parecer una de las islas es artificial, pero está ahí desde el siglo XV. Después reanudamos nuestro camino.

Encontramos alojamiento poco antes de llegar a Kotor, en un lugar que técnicamente es aún Dobrota. La habitación es bonita y tiene vista al mar. Allí dejamos el coche y vamos caminando a la ciudad amurallada, que está a unos quince o veinte minutos.El modo de vida de la gente me recuerda a España y diría aún más a la España de los ochenta. Los niños corriendoen por la calle, las fruterías con el género fuera, las bicicletas. Pasamos por unos barrios humildes y llegamos a la muralla, que es notable y sube hasta lo alto de la montaña. De noche, iluminada, parecerá un enorme círculo de fuego. Hay un barco grande amarrado en el puerto, un crucero del que bajan turistas.

Existe una entrada principal con una placa que hace alusión a la liberación de la plaza en la Segunda Guerra, durante la cual, Kotor (Cattaro) fue entre otras cosas, una provincia italiana. Tras cruzar la puerta: el paraíso. Una plaza hermosa con un reloj impresionante, edificios nobles de piedra, la catedral de San Trifón. Recorremos calles y callejas y nos aventuramos a la muralla. No hasta arriba, pero lo suficiente para tener una vista de la ciudad y del fiordo. Es muy bonito. Con la satisfacción del deber cumplido y un helado nos retiramos a nuestros aposentos.

(Fotos de Kotor, en particular me gusta esta)
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