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sábado, 30 de mayo de 2009

Imágenes (1), 07-10-2008 [Trogir]

El 8 de octubre despertamos cerca de Trogir, era un día soleado, de esos en los que toca recorrer, porque tenemos previsto llegar al lugar más septentrional en en nuestro periplo balcánico: el Parque Nacional de los Lagos de Plitvice. Mi hermana estuvo allí, años atrás y me maravillaron las fotos, aunque el lugar queda a desmano, apartado de la costa de Dalmacia, a mitad de camino entre Zadar y Zagreb.

Lo primero que hacemos tras el desayuno es parar para visitar el pueblo amurallado de Trogir, hermoso de callejuelas, con una notable plaza de piedra y un reloj muy principal. Trogir es una pequeña ínsula, pegada a otra mucho mayor que no tenemos tiempo de visitar. El pueblo no es muy grande y en cuanto uno da unos pasos de más, se encuentra con el mar. Hay un paseo marítimo amplio y limpio, a lo largo del cual amarran barcos y desde el que se ve clara y limpia, como siempre, el agua del Adriático. Me sorprendió en una de las puertas de la muralla, una estatua sobre un pedestal invertido y nos entretuvimos tratando de descifrar, cabeza abajo la leyenda.

(ver crónica completa) (ver mapa)


Vista desde la habitación del hotel


Unos peces muerden pan en el azul turquesa del Adriático


Paseo Marítimo de Trogir

Fachadas de cantería

Otro de los impresionantes relojes que se encuentran en las ciudades de Croacia
(una imagen mejor en wikipedia)



Plaza de la Catedral


Estatua sobre pedestal invertido en una de las puertas de la ciudad

La abeja Maya en Trogir (también vimos a Calimero)

Contraventanas


Iglesia


Detalle de fachada

Palmeras y terrazas en el Paseo Marítimo


Escuela

07-10-2008, Trogir - Plitvice (mapa)


Trogir - Poljanak (Plitvička jezera)

(ver crónica)
(ver mapa Sarajevo -Trogir)
(ver mapa Kotor - Sarajevo)

Viaje por los Balcanes V: Trogir - Plitvice, 07-10-2008

El 8 de octubre despertamos cerca de Trogir, era un día soleado, de esos en los que toca recorrer, porque tenemos previsto llegar al lugar más septentrional en en nuestro periplo balcánico: el Parque Nacional de los Lagos de Plitvice. Mi hermana estuvo allí, años atrás y me maravillaron las fotos, aunque el lugar queda a desmano, apartado de la costa de Dalmacia, a mitad de camino entre Zadar y Zagreb.

Lo primero que hacemos tras el desayuno es parar para visitar el pueblo amurallado de Trogir, hermoso de callejuelas, con una notable plaza de piedra y un reloj muy principal. Trogir es una pequeña ínsula, pegada a otra mucho mayor que no tenemos tiempo de visitar. El pueblo no es muy grande y en cuanto uno da unos pasos de más, se encuentra con el mar. Hay un paseo marítimo amplio y limpio, a lo largo del cual amarran barcos y desde el que se ve clara y limpia, como siempre, el agua del Adriático. Me sorprendió en una de las puertas de la muralla, una estatua sobre un pedestal invertido y nos entretuvimos tratando de descifrar, cabeza abajo la leyenda.

Después salimos a recorrer la costa adriática hacia el norte. Debemos hacer alguna parada, pero tenemos que seleccionarla bien, porque haremos el mismo camino, en dirección sur dentro de dos días. No entramos en Primošten, aunque hacemos una bonita foto de la localidad desde un mirador junto a la carretera. Dejamos Šibenik para la vuelta y entramos, brevemente en Zadar, la antigua Zara, donde nos da tiempo a ver el puerto, mucho mayor que el de Trogir, callejear un poco, y tomar un refresco en la Plaza Mayor, antes de seguir hacia el norte otras tres horas, por una muy buena autopista.

Pasamos de la Croacia litoral a la montañosa, de Dalmacia a Lika. A lo largo de la autopista volvemos a ver los colores del otoño, como el día aquel montenegrino y tras alcanzar la salida y unos cuantos kilómetros de carretera algo peor, nos pasamos de los lagos que veremos al día siguiente y llegamos a Poljanak a la casita donde pasaremos dos noches.

Después he leído de la importancia de la zona durante la guerra de 1991 y la lucha entre separatistas croatas y separatistas serbios de Croacia, cuando el territorio cayó dentro de la fugaz República de la Krajina Serbia. Se produjeron importantes operaciones militares y masacres, muy cerca de los lagos. En territorio balcánico, la belleza de lo natural nunca está demasiado lejos de la sangre.

06-10-2008, Sarajevo - Trogir (mapa)

Sarajevo - Trogir, 6 de octubre de 2008

(ver crónica)
(ver mapa Kotor - Sarajevo)

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Viaje por los Balcanes IV: Sarajevo - Trogir, 06-10-2008

Hemos vuelto a despertar en el ático de la calle Dizdarevic. Comienza este día de carretera. Hay algo de tiempo para avituallarse, para echar un último vistazo a Baščaršija y para comprar algunas postales, que lanzamos al correo en la oficina más próxima.

Atravesamos el enorme pasillo que es esta ciudad, y empezamos a entender dónde caben sus seiscientos mil habitantes. Tras los edificios otomanos y austrohúngaros del centro ayer, hoy la periferia nos brinda bloques de socialismo real mellados por impactos de obús. Pasamos junto al Holiday Inn que albergaba a los periodistas durante la guerra y alcanzamos una vista de las montañas nevadas que acogieron los Juegos Olímpicos. Hay desvíos a Ilidža, donde los saralijas pasan el fin de semana.. Nosotros seguimos al sur. Aparte de las cumbres de nieve, la mayor parte del paisaje son colinas de caducifolios y colores de otoño.

El plan del día es llegar a Zadar, aunque no tenemos ni idea de si llegaremos a hacerlo. Primero tenemos que entrar en Herzegovina, la hermana olvidada de Bosnia, y luego, recorrer el curso del Neretva, hasta la frontera de Bosnia-Herzegovina con Croacia. Móstar será parada obligada, pero antes hacemos una parada en Jablanica, otro topónimo bélico, legado a mi mente por aquellos telediarios.

Móstar es una ciudad con un puente. Fue una ciudad sin un puente durante un tiempo. El puente de Móstar, como la Biblioteca Nacional de Sarajevo, es un símbolo poderoso de la barbarie nacionalista y de las intenciones de sus creyentes.

En Móstar la guerra es mucho más visible que en Sarajevo. Una calle paralela al río fue el frente de la guerra dentro de la guerra que enfrentó a los musulmanes contra sus aliados croatas. En esa calle se encuentra España Trg, la plaza de España. Desde 1992 España tiene acantonados 900 soldados en Móstar, antes también en Međugorje y aunque parece que se retirarán pronto, la plaza es testimonio de su presencia en la ciudad.

A lo largo de esa calle de casas incendiadas y en estado de ruina, pero también de otras reconstruidas por la cooperación internacional, se desciende hacia otra que conduce al puente viejo. “Stari Most”. El nuevo puente viejo, terminado en 2004 e idéntico al original. Sobre la construcción del primero en el siglo XVI he leído varias historias y leyendas incompatibles. Alrededor del río, hay varias calles de restaurantes y puestos de souvenirs. La vista desde el puente es impresionante, mezquita en el lago musulmán, el campanario de la iglesia de San Francisco en el croata (la ciudad no está exactamente dividida por el río, hay un enclave musulmán en el sector occidental).

Tras la parada en la ciudad del puente hemos seguido hacia el sur, siguiendo el curso hermoso del Neretva. Voy pensando en guerras, en películas antiguas y en la historia de esta región de Hercegóvina, hermana menor de Bosnia. De pronto nos sorprende Počitelj, un pueblo que es una joya, y en el que lamentablemente no podemos detenernos tanto como habríamos querido, y seguimos hacia el mar. Poco después volvemos a entrar en Croacia en una frontera sin trámite.

Va atardeciendo y el crepúsculo nos alcanza en la desembocadura de este río esencial. El sol en el Adriático, las islas frente a la costa y el color rosado en el estero fértil donde el Neretva va a dar en la mar. Se produce el ocaso y seguimos hacia el noroeste, sin saber donde haremos fonda. Queremos dormir en el lugar más septentrional que sea posible, pero el cansancio va haciendo mella. Llegamos a Split, ciudad que para el tráfico es una especie de embudo y llegamos a entrar al casco histórico, pero al final decidimos seguir hasta Trogir. Definitivamente Zadar está muy lejos. Tenemos la opción de dormir en un molino antiguo, pero finalmente un hotel acoge nuestros molidos huesos.